CÁNDIDO culto
Desequilibrio modal

Se me ocurre que, tal vez por vagancia, he optado desistir del pensamiento que, agravio como pocos otros, comprende el leer, escribir o dibujar cual fuese el producto prometido para los pocos que se aventuran con mis desprendimientos artísticos (cauces de una misma y constante neurosis apalabrada). Sin embargo, debo hacerles notar que no es por capricho que a las altas horas de la noche me propongo escribirles con todo el mutismo que las redes sociales me permiten (Bah, como si no fuese igual en persona; ¿Quien no me ha visto a solas, cargando un bulto desproporcionado, hojeando libros y manoseando libretitas en la UPR?). Les escribo porque creo necesario airear los espacios comunes y corrientes que entiendo me propician los momentos de reflexión necesarios para la creación artística:

Me es imposible pensar la computadora (que en este mismísimo momento funge a razón de la misiva a cuya lectura se prestan) como mero receptaculo del millon de cosas que pienso y nunca escribo (costumbre malhadada por los años que dedique a los estudios universitarios).

Si fuese a dar término a la presente oración con el siguiente punto no podría pretender redirigirme al documento en blanco, titulado “Un cuerpo por muerte roído”, en miras de dar comienzo a su soñado contenido. Es imposible, simplemente. Ahora, como reconozco que me cuesta franquear esas distancias subjetivas entre los distintos usos a los cuales se presta el ordenador (que bonito término, ¿verdad?; de no ser obvio, irónico también) debo confiarles mi incapacidad con tal de que algo en mí sienta el alivio necesario para desistir del tedio, de la mala costumbre, del acecho del temor a la interioridad, a la inmaterialidad misma del sujeto entre redes, para sobrellevarme con el esmero debido a lo que de a ratos pienso dispensable para mi persona.

Ansioso de ver cómo cambio de padecer al releer la presente melcocha mañana en la tarde,

Cristian